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"No
entiendo por qué todo el mundo está tan contento. Me
dicen que podré jugar con mi hermano pero no sabe ni aguantar
la cabeza. No sabe hacer nada de nada y, para colmo, se pasa todo el
día en brazos de mamá. ¡Qué ganga esto del
hermanito!" En ocasiones resulta difícil evitar los celos
entre hermanos por mucho que nos esforcemos, pero sí podemos
hacer que se transformen en una experiencia positiva que haga que
nuestro hijo evolucione y se vuelva más autónomo.
Antes
del nacimiento
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A partir del
segundo trimestre de embarazo, podemos informar a nuestro hijo de la
llegada de su nuevo hermano. Es recomendable que seamos ambos, padre
y madre, los que hablemos con él. No se debe mentir, es mejor
explicar lo necesario y adaptarlo a su edad, antes que inventar historias.
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A la hora de
hablar del recién nacido, es mejor decir "nuestro
bebé". Es bueno empezar a transmitir la idea de que el
nuevo hermano será un miembro más de la familia al que
se debe querer y cuidar igual que se está haciendo con él.
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Si es posible,
podemos visitar a amigos que hayan tenido un hijo recientemente. De
este modo, nuestro hijo puede relacionarse con un niño menor
que él, le ayudará a aceptarlo y a familiarizarse con
los inevitables comentarios cariñosos de los adultos, como por
ejemplo "¡Qué niño tan guapo!" o
"¡Qué cosita más bonita!".
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Es aconsejable
dejarle que escuche el latido del bebé o que sienta las
pataditas que da. Este es un buen momento para hablar del nuevo
hermano que va a nacer.
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Si se
prevén cambios de habitación, se deben hacer en un
principio. De este modo evitaremos que nuestro hijo piense que la
llegada del bebé hace que lo desplacemos y le quitemos su dormitorio.
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Cuando se
aproxime el parto, no debemos cambiar las rutinas diarias del
niño (hora de comer, aseo y dormir) aunque este deba marchar a
casa de los abuelos o de otros familiares. Si es posible, es
preferible que pase ese momento en su casa, rodeado de sus juguetes y
de todo aquello que le da seguridad.
El
parto: llegada del nuevo hermano
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Si el hospital
lo permite, dejaremos que nuestro hijo visite a su madre y al
bebé durante los días que estén internados. Si
no es posible, mantendremos la comunicación por
teléfono, dejando que pueda llamar a su madre y viceversa. No
perder la comunicación es vital para que nuestro hijo no se
preocupe acerca de si le ha ocurrido algo a su mamá.
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Podemos
colocar una foto suya bien visible en la habitación para que
compruebe que, independientemente de las circunstancias, siempre lo
tenemos presente.
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Al volver del
hospital, es buena idea llevarle un regalo y decirle que se lo trae
su nuevo hermano.
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La primera vez
que nuestro hijo vea al bebé, es aconsejable no tenerlo en
brazos y que sea él quien pueda acariciarle e incluso cogerlo.
Después
del nacimiento:
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Reforcemos
todo lo que nuestro hijo haga para cuidar a su hermano y colaborar
con nosotros. Debemos prestarle atención, abrazarle y elogiar
lo bien que lo hace o lo bien que se comporta. Estos reconocimientos
deben ser inmediatos y nunca desproporcionados o exagerados.
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No debemos
hacer caso de las conductas propias de los celos. De este modo se
extinguirán, aunque antes de hacerlo tengan una época
de aumento para llamar la atención. En este preciso momento,
debemos reforzar las buenas conductas, como por ejemplo, cuidar del
bebé mientras preparamos el baño o darle el biberón.
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Debemos evitar
compararles entre sí, ya que lo único que conseguimos
con ello es aumentar la rivalidad.
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Es bueno
hablar con nuestro hijo de las ventajas de ser mayor y hacer que se
sienta feliz por serlo.
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No debemos
decirle continuamente que él debe dar ejemplo, ya que esto
puede propiciar conductas agresivas.
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No es
recomendable juntar la crisis de la llegada de un hermano con otros
cambios importantes: ingreso en la guardería, cambio de
domicilio, etc. Si debe empezar a ir al colegio, debemos procurar que
exista un lapso de al menos 3 meses entre el parto y su ingreso en la
escuela o guardería. |