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El
cuidado de los primeros dientes
El futuro
dental de un niño puede estar determinado por la madre
aún antes de que aquel nazca, y los cuidados que se le provean
en sus primeros meses de vida le podrán garantizar una
dentadura saludable en la infancia y la adolescencia.
La
alimentación de una mujer gestante puede influir mucho en la
calidad de los dientes que llegue a tener su hijo, pues, en virtud de
que el calcio y el fósforo son dos de los principales
componentes de los huesos y de la dentadura, la dieta de la madre
deberá incluir alimentos ricos en estos dos nutrientes (tabla).
Y una vez que
el bebé ha nacido, la atención que se le dispense a su
salud oral permitirá que las encías, los dientes y el
hueso que los soporta se desarrollen sanos y resistentes al ataque de
la placa bacteriana, el cálculo y las enfermedades periodontales.
Desde el
primer momento de vida del bebé fuera del útero, la
madre debe verificar que el interior de la boca del pequeño
esté saludable, es decir, libre de irritaciones,
malformaciones o, incluso, de dientes prematuros.
La mucosa
bucal de un bebé debe tener apariencia suave, color rosado,
estar libre de sangrado, de dolor y de dientes. Su saliva ha de ser
cristalina, sin olores ni sabores desagradables. Y mientras no tenga
edad de su primera dentición, las encías deben ser
lisas y sin abultamientos.
Los
primeros dientes
Hacia los seis
meses de edad se inicia lo que se conoce como la primera
dentición, los llamados "dientes de leche". A partir
de ese momento habrá de llevarse a cabo una rutina diaria de
aseo bucal, que será realizada por la madre o la persona a
cargo del bebé.
A
menos que presenten alteraciones como sangrado, abultamientos o
dientes prematuros, la primera visita al odontólogo
deberá preverse para cuando haya completado su primera
dentición, hacia los tres años de edad. Para entonces,
ya se pueden observar ocho dientes incisivos, cuatro caninos y ocho
molares, es decir 20 piezas (figura).
La limpieza
bucal puede hacerse con una gasa estéril que el padre o la
madre pueden introducir en la boca del niño y con la que
frotan los dientes para retirar los residuos de comida que se han
acumulado. Al mismo tiempo, el niño puede jugar con un cepillo
de dientes, de manera que se acotumbre a verlo y a saber para
qué se usa.
Poco a poco,
bajo la guía de un adulto, el niño aprenderá a
cepillarse. De hecho, hacia los dos años de edad, sabrá
que antes de ir a dormir hay que cepillarse los dientes. Si bien
querrá hacerlo por sí mismo, las personas mayores deben
cerciorarse que el aseo sea efectuado adecuadamente. Y la mejor forma
de hacerlo es mediante el juego: deje que el niño le cepille a
usted los dientes, mientras usted cepilla los de él.
La
crema dental es fundamental
En principio,
el aseo puede hacerse con agua y cepillo. Paulatinamente se
incluirá una pequeña cantidad de crema dental en el
aseo diario.
En virtud de
su contenido de flúor, la crema dental se convierte en un
excelente aliado de la salud oral de los niños, pues este
mineral fortalece el esmalte dental y provee resistencia para
soportar el ataque de la placa bacteriana, que es la causante de la
caries y las enfermedades periodontales.
Azúcar,
dulce enemigo
En
un niño pequeño no importa en qué
dirección se cepillan los dientes. Lo que cuenta es procurar
un buen aseo de su dentadura. Por lo general, el niño suele
cepillarse -o dejarse cepillar- las piezas que puede ver frente al
espejo y se resiste a la limpieza de los molares,
"invisibles" para él. En este punto el juego es una
excelente estrategia: "vamos a buscar esos dientes escondidos...
a ver quién los encuentra primero".
Paralelamente
con el aseo, es necesario observar una adecuada dieta en la que se
reduzca la cantidad de azúcar que permanece en la boca del
niño (caramelos, confites y frutas secas). También se
debe evitar que duerma con el biberón en su boca, en especial
si contiene leche o jugos, en vista de que los ácidos y el
azúcar contenidos en ellos, dañan el esmalte dental y
favorecen la aparición de caries. Todos estos cuidados durante
la primera infancia de los niños tienen que complementarse,
luego, con la visita periódica al odontólogo. |