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"Mamá
me prefiere a mí"
La rivalidad
entre hermanos, tan obvia en la niñez -pero aparentemente
enterrada en nuestra psique- no desaparece cuando los niños
crecen, aunque se racionalice, se la reprima o la neguemos. Es
difícil superarla por completo, aunque lo manifestemos a
través de una conducta más sutil y socialmente
más aceptable, que arañar o morder para ver quién
gana "las faldas de mamá".
La
interacción entre los hermanos se desarrolla en una lucha por
la supremacía y todos los problemas que esto causa más
tarde, pueden ser rastreados como conflictos no resueltos en la
infancia. Sin embargo, muchos de los mejores momentos de la vida
están ligados con la resolución de las diferencias y
las importantes lecciones que nos ayudan a crecer.
Es raro que un
niño no sienta que sus padres favorecen a un hermano o a una
hermana, o a él mismo sobre los demás, y la verdad es
que los padres suelen tener un hijo favorito: aquel con quien sienten
mayor afinidad. Este favoritismo puede ser consciente o inconsciente,
importante o irrelevante, pero finalmente va a tener un impacto en lo
que los hijos sienten respecto de sí mismos y de los demás.
Todos los
niños tienen una sensibilidad muy grande para percibir su
posición en la familia. Desde muy pequeños hacen
constantes evaluaciones de cómo son tratados o considerados en
comparación con sus hermanos; siempre son conscientes de
quién es el que recibe más afecto. Estas diferencias,
reales o imaginarias, producen efectos en la autoestima.
El
por qué de nuestras predilecciones
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La
gratificación emocional que buscan los padres en sus hijos es
una de las razones para elegir. Con sus propios deseos de éxito
y estatus, con frecuencia ven a sus hijos y sus logros como reflejos
de sí mismos. Por eso eligen al que parece más capaz de
ayudarlos a alcanzar sus metas.
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El nacimiento
de las personas puede ser bendecido o condenado como resultado de
hechos difíciles de cambiar, como por ejemplo, ¿fue un
bebe deseado?, ¿nació de padres jóvenes o
mayores?, ¿la pareja atravesaba un buen momento?
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Un hijo puede
ser el favorito debido a su talento. Todos aman a un ganador y los
padres no son una excepción, en especial cuando sus genes
producen un atleta, una reina de belleza, un genio. Cuando se da esta
situación y genera un favoritismo exagerado, puede alienar a
sus otros hijos en el proceso.
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El
género también influye en la mayoría de las
familias. Los niños siguen siendo el sexo más
favorecido. Se puede tomar más en serio a un hijo varón
y sus éxitos se consideran más importantes que los de
su hermana. Pero hoy en día, cada vez es más
común encontrar que las niñas compiten abiertamente con
sus hermanos dándose así una rivalidad intensa, ya que
ahora tanto uno como el otro sexo puede tener resentimientos cuando
son relegados a una posición inferior.
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Los padres
deben evitar el trato de preferencia de uno de los niños por
encima de otro, y tratar de dar afecto y aceptación de la
manera más equitativa, ya que si un padre y una madre
crecieron en una familia en la que el trato fue desigual entre los
hemanos, es probable que lleven una pesada carga de rivalidad, que
podría causarles problemas hasta el día de hoy, con sus hijos. |