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No
es justo
Muchos padres
luchan por tratar a sus hijos en forma equitativa a fin de prevenir
riñas. Y esto lo hacen cada vez que compran ropa o eligen
colegio. Pero existen tantas diferencias entre ellos que dificultan
aplicar un trato imparcial. En lugar de preguntarse si están
siendo justos, empleen las tácticas siguientes:
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No traten de
ser justos todo el tiempo. Pero es importante mantener rastros de lo
que se hace con cada uno. Si dedican a uno de ellos más tiempo
y atención, asegúrense de dar un tiempo adicional a
otro de sus hijos la siguiente vez.
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Manténganse
fuera del juego. Los niños nacen con una capacidad asombrosa
para "controlar los puntajes" y sentir incluso ciertas
señales de injusticia. Si por ejemplo, una noche se les ocurre
a sus hijos contar cuántas arvejas tienen en sus platos y
verificar si se les ha servido por igual, mejor decidan que se sirvan
por sí solos, equitativamente.
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Dividan. Si es
necesario optar por un fraccionamiento, dejen que uno de ellos haga
la división y el otro elija primero.
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Concéntrense
en las edades y las habilidades. Procuren dividir las tareas de
acuerdo a sus edades y capacidades. Si uno de ellos se queja por
tener que acostarse más temprano explíquenle que los
privilegios se obtienen a medida que van creciendo.
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Háganlo
juntos. Si se tuviera que dedicar el mismo tiempo a cada niño
para sus cuentos antes de dormir, cada padre se pasaría toda
la noche leyendo. Los hijos mayores comprenden que los más
pequeños necesitan más atención para conciliar
el sueño, así como cuando ellos querían su
compañía a la hora del cuento.
Cuándo
intervenir
Si no existe
la orientación de los padres, los hermanos que pelean pueden
llegar a ser enemigos en la vida adulta. Los padres necesitan
intervenir cuando uno de los hijos lastima constantemente a su
hermano, no sólo para prevenir abusos físicos, que por
lo general no terminan en daños permanentes, sino para detener
el abuso emocional, que es más probable que deje consecuencias posteriores.
Pero incluso
cuando los niños lastiman física o verbalmente a sus
hermanos, los padres deben intervenir. En primer lugar, se les debe
separar, luego calmarlos y tomar el control. Escuchen a ambas partes
y procuren darles tiempo para que ventilen su enfado y
frustración antes de conversar del problema. Los niños
pueden quedar tan atrapados en sus emociones que se les podría
hacer difícil escuchar lo que se les dice.
Demuestren que
ustedes entienden ambos puntos de vista y ayúdenlos a que se
escuchen el uno al otro, haciendo eco de sus sentimientos.
"Robertito, tú estás molesto con Juan Carlos
porque él tomó tu juguete. Y tú Robertito,
recuerda que Juan Carlos dijo que lo compartiría contigo".
Ofrézcanles distintas alternativas para manejar sus
diferencias, como hablar, llegar a acuerdos o pasar algún
tiempo separados.
Finalmente, si
los hermanos crecen y aprenden cómo aliviar los conflictos
entre ellos, ustedes no necesitarán participar con tanta
frecuencia. Pero al mismo tiempo, depende de ustedes ayudarlos a
resolver sus desacuerdos. |