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No todos
celebran la llegada de un nuevo miembro a la familia: los
primogénitos están acostumbrados a ser el centro de
atención y pueden sentir celos y preocupaciones por la
posibilidad de ser sustituidos. Les ofrecemos algunas tácticas
para ayudarlos a superar dichos temores:
Prepárenlo
con anticipación: Comuníquenle que
tendrá un hermanito antes de que la madre dé a luz. Si
el niño tiene más de cuatro años se le debe
informar antes que a los familiares y amigos. Con los de menor edad
se puede esperar unos meses antes del nacimiento. Déjenlo
tocar la barriga de la mamá, que sienta sus movimientos;
hablen del bebé, y si tiene más de cinco años,
muéstrenle las placas de la ecografía. Y
prepárenlo para el tiempo y atenciones adicionales que
demandará su hermano, enseñándole las fotos que
le tomaron a él cuando era bebé, contándole
además acerca de todo lo que necesitaba en ese tiempo, como
por ejemplo, los biberones y cambios de pañal.
Pidan
su colaboración: A partir de los dos años,
suelen demostrar agrado en ayudar a sus padres. Una vez que nazca el
bebé, ofrézcanle tareas que le permitan sentir que
tiene un nuevo rol de ayuda en el cuidado de un miembro más de
la familia. Permítanle que le acerque la ropa al hermanito y
que sostenga los pañales mientras lo cambian y denle las gracias.
No
lo dejen de lado: Tengan a mano regalos pequeños
para entregárselos cada vez que lleguen visitas a casa y
colmen de atenciones y obsequios al bebé. Déjenlo abrir
los paquetes y probar los juguetes. Cuando alguien haga comentarios
sobre el hermano, se recomienda añadir: "Ahora tenemos
dos hermosos niños".
Muéstrenle
los beneficios de ser el mayor: Si regresiona a un
comportamiento típico de bebes -una reacción muy
común-, demuéstrenle que no es tan interesante tener
tan poca edad. Una niña tenía cuatro años cuando
nació su hermano. Unos días después
anunció que quería ser una bebé. Su mamá
empezó a jugar con ella, pero al acercarle un biberón,
ella lo rechazó de inmediato. Luego, cuando montaba su
triciclo, le indicaba que los más pequeños no
podían hacerlo. Y cuando le contó que tampoco
podían comer galletas de avena, la pequeña
decidió que no quería volver a ser una bebé.
Organizar
el tiempo: Competir por la atención de los padres
puede ser arduo, sobre todo para los niños menores de tres
años, para quienes la palabra compartir encierra una idea
extraña. No prometan darle un tiempo proporcional al de su
hermano, ya que los menores demandan más atención.
Más bien, coloquen al más pequeño en una silla
especial para tener las manos libres y poder leer o jugar con el
mayor. De igual modo, se recomienda que el mayor salga a solas con el
papá o algún otro familiar, o pidan a alguien que cuide
al bebé mientras que su mamá lo lleva a tomar helados,
o a jugar al parque. |