|
Gordo
no significa sano
Solían
decir las abuelas que no todo niño gordo era un niño
sano. Y ese adagio popular parece ser hoy día respaldado por
estudios médicos que señalan que la obesidad en los
niños se asocia con la morbilidad y mortalidad en la edad
adulta, principalmente porque, aun cuando no es una regla general, el
sobrepeso en la infancia favorece esa misma condición cuando
se llega a la edad adulta.
Aparte de
esto, así como la obesidad en adultos se asocia con elevados
niveles de colesterol y triglicéridos en sangre,
hipertensión y, con ello, riesgo de sufrir enfermedades
cardiovasculares, en los niños el riesgo es similar.
Pero
no sólo son estos los riesgos que puede correr la salud de un
niño o un adolescente que presenta sobrepeso. La obesidad
puede generar demasiado estrés sobre la estructura del
esqueleto, particularmente en los huesos de la cadera, las rodillas y
otras articulaciones que soportan el peso corporal, con lo que se
aumentan las posibilidades de sufrir problemas de estabilidad en
estas partes del esqueleto.
Adicionalmente,
se ha comprobado que la obesidad acelera la primera
menstruación en las niñas, de manera que no es
extraño que las mujercitas obesas menstrúen en edades
más tempranas que aquéllas que tienen un peso adecuado
para su estatura y edad.
No se trata de
asustar a los padres de niños o adolescentes obesos ni a
éstos mismos, pero entre más se cuide el estándar
de peso y contextura física de los niños a lo largo de
su desarrollo, mejores condiciones de salud podrán tener una
vez terminan su desarrollo.
Pero,
además, los pediatras señalan que más que los
riesgos físicos derivados de la obesidad, son los problemas
sicológicos y sociales los que realmente les preocupan, puesto
que los niños con sobrepeso se sienten relegados y suelen ser
objeto de diversos y desagradables calificativos que pueden llevarlos
a sufrir estados de depresión.
Cómo
saber si su hijo pequeño o adolescente tiene sobrepeso?
La obesidad es
definida como la condición en la cual hay exceso de tejido
graso en el cuerpo.
Existen tablas
reconocidas mundialmente en las cuales se calcula el peso ideal de un
sujeto -niño o adulto- de acuerdo con su estatura y contextura
(pequeña, mediana y grande). Así, se considera obesa
cualquier persona que tenga un peso corporal 20% superior al ideal.
Por lo
general, una familia cuyos integrantes han sido obesos
generación tras generación, tiene mayores posibilidades
de criar niños y adolescentes con peso corporal superior al
apropiado para su edad y estatura.
Si
en su familia no hay antecedentes de obesidad y cree que su hijo lo
es, únicamente el pediatra puede sacarlo de la duda. Él,
con base en la edad y estatura del niño, el empleo de
diversas técnicas de medición de grasa corporal y, a
partir de estándares internacionales, puede establecer si el
muchacho o la niña necesitan someterse a un programa de
control de peso (tabla).
Y
si es obeso, qué hay que hacer?
El
médico, con la asesoría de un nutricionista le
dará las instrucciones que deberá seguir para que el
niño llegue a un peso adecuado, con el cual no sólo
goce de buena salud sino que, muy importante, se sienta bien y su
autoestima y autoimagen salgan bien libradas.
Ante
todo, si el niño suele ser sedentario, es decir que hace poco
ejercicio y prefiere quedarse viendo televisión, leyendo o
entretenido con los videojuegos, estimúlelo a que se involucre
en actividades deportivas como tenis, baile, natación,
ciclismo, patinaje, artes marciales o aeróbicos. De hecho,
recientes estudios mostraron que los niños que pasan cuatro o
más horas frente al televisor tienen pliegues en la piel
más densos y mayor masa corporal que los niños que
miran menos de una hora de televisión al día.
No quiere
decir que se aleje al niño de las actividades pasivas que le
gustan, sino que dedique entre quince y treinta minutos de su
día a practicar algún deporte. Es más, si usted
es un padre que gusta de ejercitarse a diario, procure incitar a su
hijo o hija a que se le una, bien a la caminata diaria, a jugar tenis
o a ingresar al gimnasio.
Paralelamente,
y siguiendo las instrucciones de un nutricionista, acostumbre al
niño a preferir las comidas bajas en grasa como el pollo y el
pavo sin piel, el atún empacado en agua, frutas, vegetales,
sopas ligeras, pan, espagueti sin levadura, arroz, granos secos y
cereales sin dulce.
Apoye
al niño en el proceso de perder peso
Si su hijo o
hija debe embarcarse en una dieta en la que se controlen los
alimentos que aportan gran cantidad de calorías, conviene que
toda la familia (padres y hermanos) lo hagan también, pues
sería muy difícil para el niño cumplir con los
objetivos que se le han propuesto.
En
el proceso de perder peso, bajo control médico, como dijimos,
hay que luchar contra varios factores, principalmente: la
ingestión permanente de pasabocas o golosinas (snacks);
irregulares hábitos alimenticios en los que no hay horas fijas
para comer; la elección de comidas poco saludables como
dulces, fritos, gaseosas, etc.; comer mientras se está
aburrido, solo o deprimido, y hacer muy poco ejercicio.
Qué
otras cosas puede hacer para ayudar a su hijo?
-
Estimule a su
hijo a participar en actividades físicas a diario, que le
tomen entre quince y treinta minutos y que lo hagan sudar y esfuercen
su corazón.
-
Manténgase
alerta sobre lo que come y bebe el niño y vea qué
puede ser eliminado y reemplazado por comidas bajas en grasa.
-
Establezca
metas de corto plazo que premie al niño cada vez que alcance
una de ellas, no con dinero sino con actividades divertidas.
-
No mantenga en
casa dulces ni comidas con alto aporte calórico.
-
Si usted mismo
sostiene hábitos alimentarios saludables, será
más fácil para el niño adoptar las restricciones
que debe seguir.
La
leptina podría ayudar en la reducción de peso
En 1994 fue
descubierta la leptina, una hormona que circula normalmente en el
torrente sanguíneo y que, en pruebas de laboratorio,
mostró interesantes resultados cuando se emplea para buscar la
reducción de peso en personas obesas.
Todavía
no es apropiado decir que la leptina pueda ser empleada abiertamente
en el manejo de la obesidad, pues estudios recientes señalan
que no funciona en todos los individuos. Un estudio realizado por la
Universidad de Tufts mostró que si bien en algunas personas se
alcanzan las metas de bajar de peso, en otras tratadas con leptina no
hubo variación alguna y en otras más, en cambio, se
registró aumento de peso.
Además,
su aplicación (mediante inyección) produce efectos
secundarios molestos, aunque no graves, como escozor, enrojecimiento
y prurito (rasquiña) en el lugar donde se aplica.
Es más,
comparada con otros medicamentos existentes para reducir el peso
corporal, los resultados obtenidos fueron iguales. |