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Las
mujeres embarazadas necesitan más de algunos nutrientes que
las otras mujeres?
Sí.
Estas necesidades están determinadas en parte por la etapa del
embarazo ya que el crecimiento fetal varía según el
tiempo de gestación. Durante el primer trimestre, la
síntesis de los tejidos fetales impone demandas no muy
considerables a la nutrición de la madre en virtud del
pequeño tamaño del embrión/feto. En cambio, los
últimos tres meses son un período de notorio
crecimiento fetal cuando se presenta la mayor proporción de
acopio de fuentes de energía y minerales en el feto. En
consecuencia, conforme avanza el crecimiento del bebé durante
el segundo y el tercer trimestre, las necesidades que tiene la madre
de ciertos nutrientes muestran un gran aumento siendo las principales
en calorías, proteínas y minerales (calcio,
fósforo, hierro, zinc, yodo, magnesio, selenio), así
como vitaminas (A, D, E y C, ácido fólico, tiamina,
riboflavina, piridoxina, niacina y vitamina B12).
Se
conoce con precisión la ganancia óptima de peso
durante el embarazo?
No. Sin
embargo, se sabe que el peso que la madre gana sí tiene una
gran influencia sobre el curso y el resultado del embarazo. La
ganancia deseable varía de una mujer a otra. El factor
principal que hay que tener en cuenta cuando se hace una
recomendación sobre la ganancia de peso es si el peso de la
madre antes de la gestación es adecuado para su estatura o si
había un déficit o un exceso. Con estas dos variables
podemos calcular el índice
de masa corporal (IMC)
una medida de cada persona que combina tanto peso como talla de la
paciente. Para calcular el IMC se utiliza la siguiente fórmula:
IMC = peso/talla
donde el peso
está dado en kilogramos y la talla en metros.
El IMC puede
clasificarse en las siguientes categorías: menor de 19.8, peso
bajo o déficit de peso; 19.8 a 26.0, normal; 26.0 a 29.0,
sobrepeso o exceso de peso; mayor de 29.0, obesidad.
Las mujeres
que tienen un peso bajo según su IMC deben ganar entre 12.5 y
18 kg durante el embarazo. Cuando el IMC es normal, el aumento debe
ser de 11.5 a 16 kg y en las que tienen sobrepeso, de 7 a 11.5 kg.
Las
mujeres obesas deben ganar como máximo 7 kg. Estos rangos
también varían de acuerdo con la edad de la mujer, ya
que si estamos hablando de embarazo en adolescentes, hay que
motivarlas a que aumenten de peso hasta el límite superior del
rango mencionado.
La ganancia de
peso es importante, pero el embarazo no ha de convertirse en una
excusa ni para la indulgencia alimentaria incontrolada (el viejo
dicho de que en el embarazo la mujer "tiene que comer por
dos" no debe interpretarse como un permiso para comer sin
medida), ni para el control excesivo por miedo a perder la figura: EL
EMBARAZO NO ES UNA ÉPOCA PARA HACER DIETA.
La ganancia
total de peso durante la gestación corresponde a diferentes
eventos y no sólo a que la madre haya "engordado" (figura
2).
Son
necesarios los suplementos vitamínicos y de minerales durante
el embarazo?
Si bien, como
ya quedó expresado, el embarazo supone un aumento en la
necesidad de la mayoría de los nutrientes, sobre todo en el
segundo y tercer trimestres a causa del acelerado crecimiento del
feto, casi todas las vitaminas y minerales indispensables se
encuentran en los alimentos corrientes, siempre y cuando la dieta sea
balanceada de acuerdo con el principio de la pirámide. La
única excepción es el hierro, ya que las necesidades
impuestas por el cambio en el volumen de los glóbulos rojos y
la masa celular de la madre y los niveles de hemoglobina y de reserva
de hierro en el hígado del feto hacen que sea indispensable
que la mujer reciba un suplemento de 30 mg diarios de hierro ferroso,
comenzando a las doce semanas del embarazo (los suplementos de hierro
pueden ser mal tolerados antes de este tiempo a causa de las
náuseas). Si la madre no satisface estas necesidades, las
reservas de hierro fetales no sufren mengua, pero las de la madre
sí se ven afectadas en gran medida, de donde puede provenirle
una anemia por falta de este mineral, que la pone en alto riesgo de
sufrir un serio problema en caso de una hemorragia en el parto o
después de éste. La mayoría de los médicos
sugieren que se continúe la suplencia de hierro durante la
lactancia materna, bajo el supuesto de que, para el organismo
femenino, la fabricación de la leche es casi tan exigente como
el embarazo mismo en términos de las reservas de hierro.
Otro efecto de
las preparaciones de sales ferrosas que se usan para la suplencia de
este mineral durante el embarazo y que vale la pena advertirles a las
madres para que no se preocupen, es la coloración verde
negruzca que dan a la materia fecal. En algunas mujeres el suplemento
ferroso puede aumentar el problema del estreñimiento tan usual
durante la gestación. En este caso, hay que advertirles que
deben aumentar su consumo de fibra y líquidos y recomendarles
que hagan ejercicio.
Qué
impacto puede tener sobre la nutrición el uso de tabaco,
alcohol y drogas?
El tabaco, el
alcohol y las drogas pueden hacerle daño al feto. Se ha
demostrado que el cigarrillo se asocia con peso bajo del feto al
nacer y con un aumento en la incidencia de complicaciones graves como
la implantación baja de la placenta y el desprendimiento
prematuro de la placenta normalmente insertada que pueden causar la
muerte en el periodo fetal o neonatal. Por ello hay que aconsejar de
forma bastante estricta a las mujeres fumadoras que abandonen el
hábito durante el embarazo, o que cuando menos lo reduzcan.
El alcoholismo
materno se asocia con abortos espontáneos. Hasta el 10% de los
hijos de madres que tienen problema serio de consumo de alcohol
durante el embarazo pueden nacer afectados por el síndrome
alcohólico fetal (SAF), un grupo de anomalías serias
que afectan la estructura de la cara y del craneo y cursa con
afección del crecimiento y trastornos de aprendizaje. En la
actualidad no existe un nivel seguro conocido de consumo de alcohol
durante el embarazo, de forma que es aconsejable la abstinencia completa.
El uso de
drogas ilícitas y el estilo de vida común a las
personas que las consumen contribuyen a la aparición de
retraso de crecimiento intrauterino y posteriormente en el desarrollo
infantil. El riesgo aumenta en los bebés de madres
consumidoras de cocaína y en las que toman mezclas de drogas y
alcohol. En consecuencia, conviene intentar convencer por todos los
medios posibles a la mujer usuaria de drogas o alcohol de que
suspenda su hábito. Si ello resulta impracticable, ha de
insistirse en la importancia de una buena nutrición, factor
clave en la prevención de las anomalías
congénitas y la muerte fetal.
Qué
otros factores afectan la nutrición durante el embarazo?
Las molestias
más comunes relacionadas con la nutrición en el
embarazo son las náuseas y el vómito (malestar
matinal), el estreñimiento, la pirosis (agruras), la pica y
los antojos.
Las
náuseas y vómitos son más comunes durante el
primer trimestre. Los problemas que causan casi nunca son graves
desde el punto de vista nutricional, pero pueden ser fuente de
importantes molestias. Para combatirlos, existen una serie de
recomendaciones de gran utilidad (tabla
3).
Menos del 1%
de las mujeres embarazadas se ven afectadas por nauseas y
vómitos tan graves que obliguen a hospitalizarlas para
reponerles los líquidos y los electrólitos perdidos. En
ocasiones se llega incluso a la necesidad de alimentarlas por sonda o
por vía endovenosa. Al tratamiento se le añade un
medicamento para controlar el vómito.
Otro de los
trastornos o molestias frecuentes es el estreñimiento. En
general es posible mejorar el funcionamiento intestinal aumentando el
consumo de fibra en la alimentación (algunos alimentos con
alto contenido de fibra son el salvado de trigo, los productos
integrales de trigo y maíz y los vegetales crudos o levemente
cocidos al vapor). Algunas frutas que pueden ayudar a controlar en
parte el estreñimiento son las cítricas, la papaya, las
ciruelas y las uvas (frescas y pasas). En algunos casos, cuando el
problema es significativo, es preferible evitar el consumo de las
frutas que tienen efectos astringentes (es decir, que disminuyen el
contenido de agua de las heces y, por ende, la velocidad a la cual
éstas se desplazan por el intestino) como las manzanas, peras,
plátanos y guayabas. Además, conviene aumentar la
cantidad de líquidos que se consume en el día para
hidratar la fibra y aumentar el volumen de las heces. El ejercicio
regular que pone en movimiento grandes grupos musculares (nadar,
caminar, montar en bicicleta) también tonifica el intestino y
ayuda al tránsito intestinal.
Las agruras o
agrieras, medicamente conocidas como pirosis, también
constituyen un síntoma frecuente durante el embarazo. A
medida que el bebé va creciendo, muchas mujeres sienten ardor
en la boca del estómago hacia el final de la gestación.
Si el consumo de comidas pequeñas y frecuentes no ayuda a
controlar el síntoma, hay que evitar acostarse o recostarse
durante varias horas después de comer. Esto ayudará a
que la gravedad evite que el contenido ácido del
estómago refluya por el esófago. También puede
servir evitar los alimentos cocinados con grasa o aceite o muy
condimentados. Con frecuencia se recomienda el uso de
antiácidos de venta libre. Es preferible no tomar
líquidos para acompañar las comidas para evitar la
distensión del estómago. Las ropas ajustadas
también aumentan el problema del reflujo ácido.
Aunque menos
frecuente que los anteriores, de vez en cuando se presenta el
fenómeno conocido como pica,
que es la práctica de consumir sustancias que no son
alimentos (como cal, yeso, arena, tierra o almidón para la
ropa) o las cantidades excesivas de alimentos de bajo valor
nutricional (como almidón de maíz, hielo). Dicho
fenómeno está bajo la influencia del entorno cultural.
Es más común en poblaciones del medio rural o con
antecedentes familiares de pica. Se ha dicho que este hábito y
el de los antojos
(que es la urgencia inmediata de consumir algún tipo de
alimento especial como helados, encurtidos o pizza) pueden
corresponder a la necesidad que tiene el organismo de algún
nutriente específico que se encuentra en estos elementos. No
obstante, los estudios que se han realizado para determinar si la
afirmación es cierta no han dado ningún resultado
reproducible. Los dos hábitos deben ser controlados cuando los
elementos consumidos, ya sean alimentos o no, amenazan con
desequilibrar la dieta normal de la mujer embarazada.
Es
peligroso comer durante el trabajo de parto?
Algunos
médicos obstetras limitan el consumo de líquidos y
alimentos durante el trabajo de parto en previsión de posibles
complicaciones en caso de que la mujer tenga que ser sometida a una
cesárea de urgencia bajo anestesia general. Como este evento
es muy poco frecuente, otros médicos permiten el consumo
limitado de líquidos y alimentos y sostienen que el aporte de
nutrientes y calorías durante este periodo tan exigente para
el organismo femenino contribuye a mejorar la reserva de
energía y a reducir los tiempos y las complicaciones del parto. |