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Afortunadamente
esta condición se detecta por lo general en un ultrasonido.
El primer síntoma -que ocurre por lo general alrededor de la
semana 30 de embarazo- es un sangrado vaginal repentino, usualmente
sin dolor y a menudo profuso. Sus prendas o ropa de cama pueden estar
muy impregnadas de sangre rojo claro causando un impacto emocional
grande pero muy poco riesgo para usted o su bebé si recibe
pronta atención médica. No se recomienda el examen
pélvico en estos casos puesto que podría ocasionar un
sangrado mayor.
El tratamiento
depende de lo avanzado del embarazo. Si usted tiene de 35 a 37
semanas o más de embarazo, su ginecólogo probablemente
practique una cesárea. Si el sangrado ocurre antes de este
tiempo posiblemente deberá ser hospitalizada y guardar
completo reposo hasta que este cese. También se le
practicarán exámenes de sangre para detectar anemia y
tipo de sangre en caso de que necesite una transfusión. Una
vez que el sangrado desaparece podrá regresar a casa pero
deberá ser prevenida de guardar reposo, evitar cualquier
actividad sexual o un largo viaje.
La causa
exacta de placenta previa se desconoce, pero el riesgo aumenta si
usted tiene más de 35 años, si se trata de un embarazo
múltiple (por el mayor tamaño de la placenta), si es
usted fumadora, ha tenido placenta previa en otros embarazos o ha
sido objeto de cesárea anteriormente. |