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El embarazo es
un período de tiempo especial para una mujer y para su
familia. Es una época de muchos cambios en el cuerpo de una
mujer embarazada, en sus emociones y en la vida de su familia.
Así como estos cambios son bienvenidos, a menudo añaden
estrés a las vidas de mujeres embarazadas activas que ya
están sujetas a muchas exigencias en su casa y en su trabajo.
Sin embargo,
el estrés no es completamente negativo. Cuando se maneja
adecuadamente, el estrés puede proporcionarnos la fuerza
necesaria para enfrentar nuevos desafíos. Es probable que una
mujer embarazada (o cualquier otra persona) que siente que sabe
manejar bien su estrés (que siente energía pero no
cansancio y que funciona bien en su casa y su trabajo) no tenga
riesgos de salud a causa de su estrés.
Sin embargo,
cuando el estrés se acumula y alcanza niveles demasiado
elevados, puede ser dañino para una mujer embarazada o para
cualquier otra persona. Los efectos a corto plazo de un exceso de
estrés incluyen fatiga, sueño, ansiedad, poco o
demasiado apetito, dolores de cabeza y de espalda. Cuando el
estrés se prolonga durante períodos de tiempo más
largos, puede contribuir a provocar graves problemas de salud, tales
como una menor resistencia a las enfermedades infecciosas, la alta
presión arterial y ciertas enfermedades cardíacas. Los
estudios también sugieren que los niveles elevados de
estrés pueden suponer riesgos especiales durante el embarazo.
Las
presiones propias del embarazo
Las molestias
propias del embarazo (como las náuseas, la fatiga, la
frecuente necesidad de orinar, las hinchazones y los dolores de
espalda) pueden ser estresantes, especialmente cuando una mujer
embarazada trata de hacer todo lo que hacía antes de quedar
embarazada. Una mujer embarazada puede ayudarse a reducir su
estrés reconociendo que estos síntomas son temporeros y
que su doctor puede recomendarle maneras de bregar con ellos.
También puede considerar la posibilidad de abandonar algunas
actividades innecesarias cuando se sienta molestia.
La
inestabilidad emocional propia del embarazo puede ser atribuída
en parte a los cambios hormonales experimentados por la mujer
embarazada. Esta inestabilidad emocional es común y normal,
por lo que no es necesario preocuparse demasiado por ella. Sin
embargo, debe tener en cuenta que a veces esta inestabilidad puede
dificultar su tarea de bregar con su estrés.
Además,
muchas mujeres embarazadas y sus compañeros se preocupan por
la salud de su bebé, por su capacidad de resistir el parto y
el alumbramiento y por su capacidad de ser buenos padres. Las
dificultades económicas a menudo son otro componente que
contribuye al aumento del estrés, especialmente si los padres
anticipan que sus ingresos se verán reducidos durante un
período determinado después de que nazca su bebé.
Todas estas preocupaciones pueden aumentar aún más en
los casos de embarazos de alto riesgo, cuando la mujer embarazada
debe salir temprano de su trabajo y posiblemente reducir sus
actividades en forma significativa o permanecer en cama durante un
período de tiempo prolongado.
El
impacto del estrés durante el embarazo
Según
estudios recientes, los niveles elevados de estrés pueden
aumentar el riesgo de parto prematuro, de que el bebé nazca
con un peso demasiado bajo y, posiblemente, de un aborto espontáneo.
En un estudio
de 1995 realizado por Laura Fenster, Ph.D., del Department of Health
Services de California, conjuntamente con otros investigadores, se
descubrió que en la mayoría de las mujeres embarazadas
no había relación entre el estrés propio del
trabajo y un aumento en el riesgo de aborto espontáneo. Sin
embargo, el riesgo de aborto espontáneo se duplicó o
triplicó en el caso de ciertas mujeres que acusaron elevados
niveles de estrés en el trabajo. Entre ellas se encontraban
las mujeres que tenían más de 32 años de edad,
las mujeres embarazadas por primera vez y las mujeres que fumaban.
Una serie de
estudios sugiere que existe una relación entre los niveles
elevados de estrés y el parto prematuro o el nacimiento de
bebés de bajo peso. En un estudio realizado por Pathik Wadhwa,
M.D., Ph.D., de la Universidad de California (actualmente en la
Universidad de Kentucky) en 1993 junto con otros investigadores, se
evaluó a un grupo de 90 mujeres, de clase media y con
educación avanzada, que recibieron buenos cuidados prenatales
y llevaban estilos de vida saludables (sólo un número
reducido de estas mujeres fumaban, bebían alcohol o utilizaban
drogas ilícitas), características éstas que por
lo general reducen el riesgo de parto prematuro y peso bajo del
bebé al nacer. El estudio demostró que las mujeres que
acusaban un mayor estrés a causa de eventos como el
fallecimiento de un pariente, el divorcio, la pérdida del
trabajo o las dificultades económicas tenían más
probabilidades de tener un bebé de peso bajo (menos de 5,5
libras). Un estudio realizado en un hospital universitario de
Copenhague, Dinamarca en 1996 produjo resultados similares entre
mujeres de niveles socioeconómicos diversos.
En el estudio
de la Universidad de California, las mujeres de clase media que
experimentaron altos niveles de ansiedad relacionados con el embarazo
(como las preocupaciones acerca de la salud de su bebé o el
temor al parto y el alumbramiento) eran mucho más proclives a
tener un parto prematuro. En un estudio apoyado por March of Dimes
publicado en 1992 por Marci Lobel, Ph.D., de la Universidad del
Estado de Nueva York en Stony Brook y por Christine Dunkel-Schetter,
Ph.D. y Susan Scrimshaw, Ph.D. de la Universidad de California en Los
Angeles, se descubrió que las mujeres de ingresos bajos que
sufrían de altos niveles de estrés y ansiedad durante
sus embarazos tenían más probabilidades de parto
prematuro. También era más probable que sus bebés
nacieran con bajo peso aun cuando el parto se produjera a término.
Si bien estos
estudios son altamente sugestivos, no sirven para demostrar que el
estrés causa partos prematuros y el nacimiento de bebés
de peso bajo. Los investigadores están tratando de descubrir
cómo el estrés contribuye a producir estos resultados.
Parece probable que el estrés pueda incrementar los niveles de
un grupo de hormonas capaces de restringir el flujo de sangre hacia
la placenta, impidiendo así que el feto reciba los nutrientes
y el oxígeno que necesita para su desarrollo y crecimiento
óptimo. Estas mismas hormonas también cumplen un rol
importante en el inicio del trabajo de parto. Por lo tanto, el
incremento en los niveles de estas hormonas puede aumentar el riesgo
de un parto prematuro.
El
estrés también puede causar efectos adversos en forma
indirecta al afectar el comportamiento de la mujer embarazada. Por
ejemplo, las mujeres que experimentan niveles elevados de
estrés pueden abandonar sus buenos hábitos de salud.
Pueden dejar de comer adecuadamente o pueden reaccionar al
estrés mediante actividades tales como fumar, beber alcohol o
utilizar drogas ilícitas, todo lo cual se relaciona con el
nacimiento de bebés de peso bajo. El uso de alcohol y de
ciertas drogas ilícitas también incrementa el riesgo de
defectos de nacimiento.
La
respuesta de cada individuo al estrés
Para cada uno
de nosotros existen tareas o situaciones estresantes. Una tarea que
puede resultar placentera para una persona puede ser altamente
estresante para otra. Además, cada uno de nosotros reacciona
de manera diferente ante un evento estresante. Parece haber
diferencias claras en el modo en que nuestros cuerpos responden al
estrés, y algunas de estas diferencias pueden influir
decididamente en el embarazo.
James
McCubbin, Ph.D. y otros investigadores de la Escuela de Medicina de
la Universidad de Kentucky midieron la presión arterial de
mujeres embarazadas después de realizar un ejercicio
aritmético difícil y estresante. Antes de comenzar el
ejercicio, todas las mujeres registraron niveles normales de
presión arterial. Este estudio demostró que las mujeres
con mayores incrementos de la presión sanguínea
diastólica (la presión sanguínea se indica
siempre comenzando por la presión sistólica seguida de
la diastólica, como por ejemplo 110/80) tenían
más probabilidades de parto prematuro y de que sus bebés
fueran más pequeños o más livianos que lo
normal. Los investigadores suponen que el aumento en los niveles de
hormonas asociadas con el estrés pueden afectar tanto la
presión arterial de la madre como el crecimiento y el
desarrollo de su feto. Si bien se trata de un estudio preliminar,
éste puede conducir a un nuevo método de
identificación de un grupo de mujeres que se encuentran a
riesgo de tener un parto prematuro o un bebé con peso bajo al
nacer y que, al mismo tiempo, posiblemente también puedan
reducir este riesgo mediante la práctica de técnicas de relajación.
Técnicas
para la reducción del estrés
Cada mujer
embarazada debe identificar las causas de su estrés, tanto en
su trabajo como en su vida personal, y desarrollar una manera eficaz
de bregar con ellas. Cualquier mujer, embarazada o no, puede bregar
mejor con el estrés de su vida si se encuentra sana y en buen
estado físico. Una mujer embarazada debe asegurarse de
consumir una dieta saludable, dormir bien, evitar el alcohol, los
cigarrillos y las drogas y hacer ejercicios regularmente (bajo la
autorización de su médico). El ejercicio ayuda a una
mujer embarazada a mantenerse en buen estado físico, como
también a prevenir algunas de las molestias comunes del
embarazo (como los dolores de espalda, la fatiga y la
constipación), y contribuye a aliviar el estrés.
Una buena red
de apoyo (que puede incluir al compañero de la mujer
embarazada, sus parientes, amigos y otras personas) también
ayuda a las mujeres embarazadas a aliviar su estrés. Estos
individuos pueden proporcionarle información, apoyo emocional
o ayuda con las tareas del hogar. Algunos estudios sugieren que tener
una buena red de apoyo puede reducir el riesgo de parto prematuro y
de tener un bebé con peso bajo al nacer, especialmente en el
caso de mujeres pobres y de alto riesgo.
Existe una
serie de técnicas de reducción del estrés que
han sido utilizadas con éxito durante el embarazo. Entre ellas
se encuentran la bioretroalimentación, la meditación y
la imaginación guiada. Si la mujer embarazada no ha practicado
estas técnicas con anterioridad, es probable que necesite
recibir instrucciones de un experto. Las técnicas de
relajación también se enseñan en clases de
educación para el parto. Estas clases pueden ayudar a reducir
la ansiedad al educar a los futuros padres sobre lo que debe
esperarse del parto y el alumbramiento.
El Dr. James
McCubbin de la Escuela de Medicina de la Universidad de Kentucky ha
diseñado un plan de relajación sencillo que puede ser
utilizado por cualquier mujer embarazada:
1.
Relájese por su propia salud y por la salud de su bebé.
El estrés de la madre puede afectar el desarrollo de su bebé.
2.
Asegúrese de tener tiempo suficiente para relajarse todos los
días. Es importante para usted y para su bebé.
3.
Póngase cómoda. Lo mejor es una habitación
silenciosa y sin teléfono. Es recomendable acostarse o
reclinarse. Échese ligeramente hacia un lado y ayúdese
a soportar la barriga (y el bebé) con una almohada.
4.
Prepárese mentalmente. Despeje su mente de cosas que la
distraigan y concéntrese en su relajación con
decisión y calma.
5.
Controle la situación. La relajación que desea dar a
su cuerpo y a su bebé se encuentra bajo su control.
6.
Concéntrese en la respiración. Respire de manera
lenta, pareja y profunda utilizando la barriga, no el pecho.
7.
Preste atención a sus músculos. Aprenda a reconocer
tensiones en los principales grupos musculares de su cuerpo.
8.
Libere la tensión de cada grupo muscular. Familiarícese
con la sensación de disolución de la tensión.
9.
Imagine que se encuentra en su lugar de descanso favorito. Puede
situarse en una playa, junto a un arroyo o en la cima de una montaña.
10.
Practique y disfrute los sentimientos placenteros que se ha
proporcionado a sí misma y también a su bebé.
Hágalo por lo menos una vez por día durante 20 a 30
minutos. Relájese durante el transcurso de su embarazo.
Afortunadamente,
la mayoría de las mujeres se adaptan bien a los cambios
físicos y psicológicos propios del embarazo. Sin
embargo, si una mujer embarazada se siente agobiada por su
estrés, debe consultar al médico que la atienda durante
la maternidad; éste podrá recomendar que visite a un
especialista en salud mental.
Referencias
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to stress predicts birthweight and gestational age: a preliminary
study. American Journal of Obstetrics and Gynecology, volumen 175,
número 3, setiembre de 1996, pág. 706712.
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spontaneous abortion. American Journal of Epidemiology, volumen 142,
número 11, 1995, pág. 11761183.
Wadhwa, P.D., et al. The association between prenatal stress and
infant birthweight and gestational age at birth: a prospective
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169, número 4, octubre de 1993, pág. 858865.
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prospective study of socioeconomically disadvantaged women. Health
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Nordentoft, M., et al. Intrauterine growth retardation and premature
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Collins, N., et al. Social support in pregnancy: psychosocial
correlates of birth outcomes and post-partum depression. Journal of
Personality and Social Psychology, volumen 65, número 6, 1993,
pág. 12431258.
Rothberg, A.D., Lits, B. Psychosocial support for maternal stress
during pregnancy: effect on birth-weight. American Journal of
Obstetrics and Gynecology, volumen 165, número 7, agosto de
1991, pág. 403407.
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