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La noche antes del parto, se desencadenó en mí un ataque severo de inquietudes. Mi esposo me estrechó fuertemente mientras yo descargaba mis temores sobre su hombro. Seré una buena madre ? Sabré como serlo ? Aprenderé a serlo antes de causar algún daño a mi indefenso bebé ?

Mis preocupaciones me siguieron al hospital. Llamé a la enfermera muchas veces al cuarto para que me mostrara nuevamente cómo cambiar el pañal a mi bebé, cómo bañarlo, cómo tomarle la temperatura y miles de cosas más que nos esperaban -cuando estuviéramos solos- apenas unas horas después.

No es que no hubiéramos pensado sobre ello antes de tener a mi bebé. Habíamos gastado horas fantaseando a quién se parecería, asistiendo a cursos de preparación al parto y leyendo sobre las diferentes etapas del desarrollo fetal en los libros que teníamos a mano.

Pero en nuestro entusiasmo color de rosa, mi marido y yo simplemente no habíamos comprendido en toda su magnitud lo que significaría tener con nosotros un bebé de carne y hueso enteramente a nuestro cuidado.

De hecho, nadie puede prepararse por completo para la profunda experiencia de ser padre o madre por primera vez. Pero los expertos prenatales dicen que es mucho más probable que para las parejas que discuten a fondo lo que realmente significa ser padres -aún antes de que la mujer se embarace- será más fácil esta transición. Muchas parejas no se enfrentan con la fría realidad antes de concebir un hijo: no piensan sobre la pérdida de libertad, el impacto que tendrá sobre su economía o qué harán si ambos trabajan y el niño está enfermo.

Paralelamente a la preparación física y al estilo de vida que los futuros padres deben considerar aún antes de la concepción, harían bien en evaluar su preparación emocional antes de favorecer la concepción. Harían bien en discutir cómo afectará sus carreras y su familia, las relaciones matrimoniales y las actitudes relativas a la disciplina.

No es tan fácil como parece...

Ser el responsable único de otra persona las 24 horas del día es una experiencia que no todos hemos experimentado y se convierte en un reto tanto emocional como físico.

Hay una percepción de que el bebé hará que la pareja se encuentre más unida y eso raramente ocurre. Es más probable que las diferencias se magnifiquen a que haya un punto de acuerdo. A menudo, a menos que las parejas examinen a conciencia sus motivos para convertirse en padres y madres, sus propias diferencias y cómo el sexo y la sociedad afectan la forma en que responden a una situación, hay más probabilidad que se favorezcan el estrés y los malos entendidos.

Algunos estudios también indican que a pesar de que las parejas de hoy en día están de acuerdo en que las tareas del hogar y de la crianza del bebé se compartan 50-50 o aún 60-40, esta espectativa rara vez se cumple. En vista de ello hay muchas posibilidades de que esto genere resentimientos y malentendidos que a menudo se convierten en sentimiendos de pérdida de confianza y de apoyo.

Prepárese para las sorpresas

No importa cuánto se prepare y discuta con anterioridad, siempre habrá sorpresas. La paternidad no viene con ninguna garantía acerca de cuál será el carácter del niño o cómo los padres reaccionarán a diferentes situaciones.

La verdad es que la mayoría de las situaciones que ocurrirán después del parto no pueden ser previstas con anticipación en vista de que son tantísimas que generalmente se abordan aquellas que son más conocidas o sobre las que se tienen un mayor control.

Podría parecer que hablar de lo que ocurrirá después del embarazo aún antes de concebir, sería como querer cruzar el río antes de llegar al puente. Sin embargo, el ser un buen padre o una buena madre no es algo que simplemente ocurre, es algo que se aprende. Es difícil para los futuros padres tomárselo tan en serio como realmente se requiere: cuánto tiempo, cuánta energía y cuántas dificultades encierran una buena paternidad.

No se preocupen si el planeamiento pre-concepción no les da todas las respuestas. Es solo una etapa donde se inicia un proceso, pero proceso al fin. Afortunadamente los recién nacidos necesitan realmente bien poco: ser alimentados, protegidos y aseados. Pero eso es lo bueno de todo esto: no necesitamos tener todas las respuestas de una sola vez. Pero podemos hacer que al menos el primer año sea más fácil, empezando desde ahora a evaluar ciertos aspectos.