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La piel del
prepucio como se mencionó, normalmente
(fisiológicamente) en los varones durante la etapa de
recién nacidos se encuentra fusionada (indiferenciada) con la
superficie del glande. Cuando en forma brusca o en forma forzada, la
piel del prepucio es retraída ("jalada") en esta
etapa de la vida o posteriormente cuando aún no se logra la
diferenciación o separación normal, produce en el
recién nacido o lactante menor dolor y laceraciones en toda la
circunferencia del prepucio retraído, que resulta
posteriormente en cicatrización del prepucio e imposibilidad
para la retracción. Este procedimiento no es necesario ni
recomendable ya que la diferenciación se realiza en forma
natural y termina por separarse totalmente el prepucio del glande,
facilitando la completa retracción del mismo sobre el glande.
Sólo el
4 por ciento de los varones recién nacidos tienen completa
retracción del prepucio. El 46 por ciento de los recién
nacidos masculinos, tienen el meato uretral (orificio por donde sale
la orina) cubierto por el prepucio.
A los seis
meses de edad, en el 20 por ciento de varones el prepucio es
retráctil y para los tres años de edad, el 90 por
ciento de niños masculinos tienen un prepucio completamente
retraíble, permitiendo que el glande se descubra totalmente.
Por lo tanto, el prepucio podrá retraerse con delicadeza y
poder hacer el aseo del glande.
Existe un
"mal entendido" acerca de la presencia de
"adherencias" entre el prepucio y el glande en un
varón en la etapa de recién nacido. El llamar
"adherencias" o "prepucio pegado al glande" es un
error de apreciación y desconocimiento de la
embriología, anatomía y fisiología del prepucio,
ya que la piel brillante del prepucio y el epitelio del glande
(superficie del glande), normalmente están fusionadas, lo que
ofrece protección al glande y al meato uretral (orificio por
donde sale la orina). Por lo tanto, no son adherencias anormales y
obviamente no deben ser separadas y menos en forma traumática
como erróneamente se realiza. |