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Aún
antes del nacimiento, la sensibilidad de tú bebé te
permitirá mantener un constante diálogo mental-afectivo
con él. De esta forma, en los últimos meses de embarazo
le podrás platicar en voz alta para que conozca tu voz y
también las de aquellos que lo aman. Una programación
musical cuidadosamente seleccionada es otro medio de relajación
y comunicación para ambos.
No debes
olvidar que el desarrollo es un proceso común a todos los
seres humanos, y que cada bebé crece de acuerdo a su propio
ritmo y estilo. Así mismo, hay que tomar en cuenta que el
crecimiento de cada individuo depende de la calidad de sus
experiencias durante las diversas etapas de maduración y
socialización, lo cual constituye un factor determinante para
alcanzar el equilibrio.
El
primer trimestre: rumbo a la esperanza
Durante esta
etapa el recién nacido pesa alrededor de tres kilogramos y
mide más o menos cincuenta centímetros. Al nacer, sus
ojos son sensibles a la luz, desarrollando el sentido de la vista
desde el primer momento, aunque no de forma definitiva. Esto
significa que la nitidez y definición no se encuentran
completamente desarrolladas. El pequeño es capaz de fijar y
seguir con los ojos un objeto en movimiento y desde los primeros
días tiende a establecer contacto a través de la mirada.
Por otra
parte, el sistema auditivo también funciona desde el
nacimiento; el bebé vuelve los ojos hacia la fuente sonora y
suele reconocer rápidamente ciertas voces, en especial la materna.
Durante este
período pasa la mayor parte del día dormido y se
despierta sólo cuando siente hambre o está
incómodo, situaciones que invariablemente conllevan el llanto.
Una vez alimentado, bañado y cambiado de ropa, recupera la
tranquilidad y se duerme de nuevo. Debes tomar en cuenta que el
promedio de sueño varía entre 11 y 21 horas, aún
cuando la mayoría de los infantes duermen alrededor de 16
horas diarias, con intervalos de tres o cuatro horas.
Es la
atención materna o de un suplente afectivamente competente lo
que motiva al bebé a abandonar poco a poco su tendencia innata
a regresar a la vida intrauterina. Es importante que a través
de estímulos sensitivos lo incites a captar el ambiente,
haciéndole caricias, leves ejercicios en las extremidades,
masajes en abdomen y baños prolongados. Es fundamental que
comprendas que el tiempo que pasas con tu hijo es un verdadero placer
y no solamente una obligación.
Mientras
más observes al pequeño podrás darte cuenta que
gira la cabeza, patea, agita sus brazos, presenta ciertos reflejos y
estornuda en forma aislada. Recuerda que incluso los nonatos se
voltean, mueven las piernas y chupan sus pulgares. Estos signos son
importantísimos para que compruebes la buena salud de tu bebé.
El llanto en
el recién nacido se presenta como reacción al dolor o a
la incomodidad. Puede decirse que es una señal de alerta ante
una situación adversa. Así pues, la primera nalgada que
se le da al niño le provoca un llanto que resulta sumamente
útil, pues da inicio al proceso vital de la respiración.
En ocasiones,
el bebé muestra sonrisas desde la segunda semana de nacido;
estas sonrisas reflejan un estado placentero y se observan en
especial cuando está semidormido o alimentándose, pero
todavía no significan ninguna relación emocional.
Después de la tercera o quinta semana de vida, el niño
presenta ciertas sonrisas cuando reconoce un rostro, lo cual ya
implica un nivel superior al anterior.
La
importancia del primer mes
Desde la
cuarta semana el bebé puede fijar la vista en un objeto y
seguirlo con la mirada si se desplaza. Es importante destacar que la
luz es un elemento que le resulta en extremo atractivo. Esto
significa que sus sentidos se encuentran despiertos. Al
cumplir un mes de edad alcanza a percibir voces, incluso voltea hacia
donde las escucha. Llora si tienen los pañales mojados y se
calma tan pronto se los cambian. Hay que aprender a distinguir entre
ese llanto y la manera que tiene para expresar la sensación de
hambre. Cuando está despierto y el llanto no se hace presente,
permanece sobre su espalda, generalmente con la cabeza vuelta hacia
su lado preferido y extiende el brazo del mismo lado al tiempo que
flexiona el contrario hacia un extremo de su cuello. Probablemente la
mejor hora para el baño es a media tarde, antes de su alimento.
Reacciona con
llanto ante los ruidos fuertes y, por el contrario, se calma cuando
oye música adecuada. También presenta posiciones
corporales adaptativas al sentirse levantado en brazos. Por ejemplo,
mueve sus piernas como un juego y cierra sus manos en forma de
puños. Otra capacidad de adaptación al movimiento es
cuando aprieta fuertemente tu dedo si lo introduces en su mano.
La
sensibilidad de los pequeñines es sorprendente. Puedes
observar como su llanto se interrumpe al sentirse sostenido por unas
manos firmes y tranquilas, y como es capaz de prestar atención
al suave sonido de una campanita cuando se encuentra despierto. Cabe
destacar que durante esta etapa muestra una respuesta
específica ante las figuras amadas, expresándola a
través de una sonrisa, lo cual significa que ya ha establecido
un contacto emocional que aún cuando no comprende el contenido
afectivo, sí percibe la carga emotiva del lenguaje humano. |